(buenos aires, domingo 9 de diciembre,9:21 pm)
Apago el celular.Hoy no estoy o nunca existí.
Es domingo y camino desde el sol a pleno hasta la tarde que con economía distribuye entre las calles delicadas y refrescantes ráfagas de brisa que se escapan del río.
He visto a un viejito con la barba larga y blanca, su ropa blanca también,sentado en un diminuto banco, tocando en su flauta dulce una melodía paupérrima pero liviana.E imaginé de pronto a un personaje escapado de los cuentos de Charles Dickens,surrealistamente en medio de la peatonal Florida, solitario y sin lograr rescatar la atención de los transeúntes, sobreviviendo allí, ignorado por otros e ignorante de todo cuanto sucede a su alrededor,sólo embelesado por esas tenues notas que el ruido de la ciudad aplasta.
Y la ciudad desnuda sus piojos y pirañas: su imponencia de luces, edificios con ventanas que enfrentan a otras ventanas, multitudes buscando en las vidrieras de los negocios alguna nueva adquisición para su miserable vida de consumo masivo en pos de la felicidad publicitada.
Tangos electrónicos y chicas alemanas miopes comprando mates;artesanos con opacas rastas decoloradas ofreciendo collares de piedras,tapices de lana comprada en ofertas en algún negocito de Once,retratos caricaturizados en el momento,pipas de acero inoxidable talladas con motivos incaicos o barquitos de madera finamente confeccionados encerrados sin mar dentro de botellas de Legui.
Bajo un palo borracho ,como un marciano que se sostiene en medio de la 9 de Julio,frondoso en su orgullo vegetal, un policía teclea en su teléfono mientras a su alrededor, en la avenida,se desparraman con locura los automóviles.Escupitajos de guanaco en sillas de rueda.
Me descalzo tímidamente y el pasto me pincha la planta de los pies.
Acabo de mirar "Ciudad no muy extensa" de Clorindo Testa.
Ahogo un grito.Desparramo por mis venas el aire para que me recorra como la sabia al arbusto más ordinario de la maleza; y la respiración controlada ya me redime de huir despavorido del espanto de tanta lejanía y de tanta soledad.
¡Alguien soy debajo o detrás de la galaxia!
Y la elección de este camino, absolutamente mía,no puede producirme tristezas ni desmayos repentinos de dolor.
Mi fortaleza es mi mente.
"Nam-myojo-rengue-kyo".
Más de un suicida acumularán las crónicas periodísticas mañana o los sumarios policiales.Morgues de cloroformo donde identificar ausentes sin previo aviso.Repugnancia por el hastío ajeno.Incomprensión humana. Desolación eterna.Historias de adioses de los que nunca dijeron adiós.
Guardo mi lapicera como el equipaje crucial y voy hasta mi neutro hogar. Pocilga de poeta malparido y fracasado. Literatura snob y chata que no mudará en emociones ajenas.
La tinta, pienso ahora, un día se acabará y entonces me desintegraré en un mar muerto de palabras o compraré otra nueva para seguir registrando todo cuanto no sucede en el corazón que se añeja como una breva madura fuera de estación.
domingo, 9 de diciembre de 2007
(buenos aires, domingo 9 de diciembre, 3:02 pm)
"NO, MI CORAZÓN NO ESTÁ CORROMPIDO.ES DÉBIL,DEMASIADO DÉBIL...PERO EN ESTO ¿NO HAY CORRUPCIÓN?"
("Werther", Goethe)
Evado las palabras claves del universal vocabulario humano, como buscando torpemente anclar en un blanco desierto sin sonidos ni sus consecuentes magros ecos en trizas de porcelana.
Desearía borrar de la memoria y la conciencia toda huella estampada en el camino de los discursos.No reinventar ni redimir: BORRAR.
Aquel amigo que llevaba en nuestra adolescencia su guitarra semiacústica a cuestas sin saber sacarle ni siquiera un solo acorde dormita hoy bajo los cascotes de una tumba que jamás visité para no llorar la pena del destierro en que nos sume quienes se caen.
(Recuerdo casual del cumpleaños de Pablo, hoy).
¿Y cuando yo me vaya?
¿Escanciaré el vino color rubí dentro de la copa, besaré la punta helada del cañón del revólver y pensaré en el último instante de mi aire en aquel mediocre nombre que me ha persiguido todo este tiempo como una sombra del mal?
Hoy hay sol, mucho. Saldré a disimular mi ceguera impar unos momentos.
Demostraciones en las cosas prematuras. Apocalípsis diminutos como válvulas de escape a la razón transfigurada.Choque de galaxias hermafroditas en las cutículas de las invisibles uñas de dios.
El color gris invernal del mar, el azuloso paredón de las montañas,el multifacético verdor de los bosques: ¡todo eso ya lo vi!
¿En qué recóndito lugar de la memoria me volveré olvido?
Pálido el diálogo de mi rostro mustio frente al manifiesto del espejo plano.
"NO, MI CORAZÓN NO ESTÁ CORROMPIDO.ES DÉBIL,DEMASIADO DÉBIL...PERO EN ESTO ¿NO HAY CORRUPCIÓN?"
("Werther", Goethe)
Evado las palabras claves del universal vocabulario humano, como buscando torpemente anclar en un blanco desierto sin sonidos ni sus consecuentes magros ecos en trizas de porcelana.
Desearía borrar de la memoria y la conciencia toda huella estampada en el camino de los discursos.No reinventar ni redimir: BORRAR.
Aquel amigo que llevaba en nuestra adolescencia su guitarra semiacústica a cuestas sin saber sacarle ni siquiera un solo acorde dormita hoy bajo los cascotes de una tumba que jamás visité para no llorar la pena del destierro en que nos sume quienes se caen.
(Recuerdo casual del cumpleaños de Pablo, hoy).
¿Y cuando yo me vaya?
¿Escanciaré el vino color rubí dentro de la copa, besaré la punta helada del cañón del revólver y pensaré en el último instante de mi aire en aquel mediocre nombre que me ha persiguido todo este tiempo como una sombra del mal?
Hoy hay sol, mucho. Saldré a disimular mi ceguera impar unos momentos.
Demostraciones en las cosas prematuras. Apocalípsis diminutos como válvulas de escape a la razón transfigurada.Choque de galaxias hermafroditas en las cutículas de las invisibles uñas de dios.
El color gris invernal del mar, el azuloso paredón de las montañas,el multifacético verdor de los bosques: ¡todo eso ya lo vi!
¿En qué recóndito lugar de la memoria me volveré olvido?
Pálido el diálogo de mi rostro mustio frente al manifiesto del espejo plano.
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