
martes, 6 de noviembre de 2007
Nada es ficción en este diario, pero cuando la realidad se acomoda en palabras pareciera no tener límites, y todo se torna difuso: quiero decir, es real y es ficción; y si leo bien, no estoy usando ningún anexo negativo, ningún adjetivo privativo, sino que, por el contrario, simplemente atestiguo lo ambivalente del dominio que intento sobrevolar: la escritura.
Tal vez deba decir de forma tácita que mi escritura es mía y para mí, en primera instancia, y que no necesita clasificaciones de ningún tipo, sobre todo si esas clasificaciones son externas.
En todo caso sólo yo sabría con verosimilitud si lo que armo en palabras está bueno o no, y que no me confundo en usar a estas alturas esos términos marranos de :me gusta-no me gusta.
Me flashea cuando logro una síntesis metafórica que no se torne genérica en el producto creativo (ya se que soy hombre, y que vos sos mujer, pero… la literatura es asexuada).
¡Gracias por tu poema, Claraluz, en verdad siempre soñé con el placer de vivir en la paz de pez!
Tal vez deba decir de forma tácita que mi escritura es mía y para mí, en primera instancia, y que no necesita clasificaciones de ningún tipo, sobre todo si esas clasificaciones son externas.
En todo caso sólo yo sabría con verosimilitud si lo que armo en palabras está bueno o no, y que no me confundo en usar a estas alturas esos términos marranos de :me gusta-no me gusta.
Me flashea cuando logro una síntesis metafórica que no se torne genérica en el producto creativo (ya se que soy hombre, y que vos sos mujer, pero… la literatura es asexuada).
¡Gracias por tu poema, Claraluz, en verdad siempre soñé con el placer de vivir en la paz de pez!
lunes, 5 de noviembre de 2007
(buenos aires, lunes 5 de noviembre, 2:57 am)
"La peste toma imágenes dormidas, un desorden latente, y los activa de pronto transformándolos en los gestos más extremos" (Antonin Artaud)
A veces la peste toma formas insospechadas, pero lo más complejo es descubrirla cuando habita la interioridad extrema del caparazón humano.
Entonces, los ojos,esos delineados poéticamente - absurdamente- como "espejos reveladores de cada espíritu" ,se tornan , por medio de contorsiones inclasificables,en lúgubres payasos que se mofan todo el tiempo; o es posible que adquieran también la antropomorfía de sanguinosos gusanos redondos que ocultan su veneno letal, o cuchillos brillando bajo la oscuridad del cielo que la luna no ha querido ahondar con su orgasmo de luz.
La peste quema como un trozo de brasa viva del mismísimo infierno entre las piernas; aguarda en el silencio de los pegajosos pelos de las axilas; se disfraza de piel y de caricia; e incluso logra, mediante mecanismos psíquicos de fina sutileza ,establecer vínculos afectivos de los más variados tintes y las más verosímiles actitudes de bondad.
¡Qué destino incierto el de este mundo donde la peste tiñe de hermosos colores las flores de todo jardín que permanece intacto!
"La peste toma imágenes dormidas, un desorden latente, y los activa de pronto transformándolos en los gestos más extremos" (Antonin Artaud)
A veces la peste toma formas insospechadas, pero lo más complejo es descubrirla cuando habita la interioridad extrema del caparazón humano.
Entonces, los ojos,esos delineados poéticamente - absurdamente- como "espejos reveladores de cada espíritu" ,se tornan , por medio de contorsiones inclasificables,en lúgubres payasos que se mofan todo el tiempo; o es posible que adquieran también la antropomorfía de sanguinosos gusanos redondos que ocultan su veneno letal, o cuchillos brillando bajo la oscuridad del cielo que la luna no ha querido ahondar con su orgasmo de luz.
La peste quema como un trozo de brasa viva del mismísimo infierno entre las piernas; aguarda en el silencio de los pegajosos pelos de las axilas; se disfraza de piel y de caricia; e incluso logra, mediante mecanismos psíquicos de fina sutileza ,establecer vínculos afectivos de los más variados tintes y las más verosímiles actitudes de bondad.
¡Qué destino incierto el de este mundo donde la peste tiñe de hermosos colores las flores de todo jardín que permanece intacto!
domingo, 4 de noviembre de 2007
sábado, 3 de noviembre de 2007
(buenos aires, sabado 3 de noviembre,8:40 pm)
Osjar en la guardia del Hospital Ramos Mejía. Azulejos blancos y tubos fluorescentes me lastiman los ojos que parpadean ; preludio de un largo sopor en el que he de caer. Afortunadamente.
Mi crisis-pánica se acentuó estos últimos días.La garganta me raspa como si hubiera estado construída de cuchillos nuevos; el zumbido constante en mis oídos; el temblor de las sudorosas manos que no pueden quedarse quietas de una reconchuda vez y que intentan encontrar reposo agarrando cualquier cosa que se presente como para sostenerse e intentar calmar este bestial impulso de energía sin control posible.
Angustia en mi pecho caliente a punto de ebullir como la lava del volcán, y el dolor punzante en los músculos de mis brazos, los dedos acalambrados, los glúteos endurecidos, la espalda contracturada.
¿Qué es lo que sudece de pronto? ¿Qué maldita y puta cosa no quiere salir concretamente?
Quisiera llorar de espanto y miedo. Tal vez las lágrimas expulsen tanto encierro que asfixia y que da náuseas.
Siempre estar aquí, aguardando que ésto vuelva a suceder. Ay, la repetición del espanto, la instancia soprpresiva de la muerte que juega a que muero de verdad.
Siempre aquí, en un lugar como éste, es no querer estar y sufrir una condena más.
Osjar en la guardia del Hospital Ramos Mejía. Azulejos blancos y tubos fluorescentes me lastiman los ojos que parpadean ; preludio de un largo sopor en el que he de caer. Afortunadamente.
Mi crisis-pánica se acentuó estos últimos días.La garganta me raspa como si hubiera estado construída de cuchillos nuevos; el zumbido constante en mis oídos; el temblor de las sudorosas manos que no pueden quedarse quietas de una reconchuda vez y que intentan encontrar reposo agarrando cualquier cosa que se presente como para sostenerse e intentar calmar este bestial impulso de energía sin control posible.
Angustia en mi pecho caliente a punto de ebullir como la lava del volcán, y el dolor punzante en los músculos de mis brazos, los dedos acalambrados, los glúteos endurecidos, la espalda contracturada.
¿Qué es lo que sudece de pronto? ¿Qué maldita y puta cosa no quiere salir concretamente?
Quisiera llorar de espanto y miedo. Tal vez las lágrimas expulsen tanto encierro que asfixia y que da náuseas.
Siempre estar aquí, aguardando que ésto vuelva a suceder. Ay, la repetición del espanto, la instancia soprpresiva de la muerte que juega a que muero de verdad.
Siempre aquí, en un lugar como éste, es no querer estar y sufrir una condena más.
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